Mmm… carísimo, un afano y encima, se cae todo el tiempo, te filtran puertos, te odian, te estafan, te tratan mal, no te pasean a la perra ni te lavan el auto.
Como consumidores, muchas veces nos enceguecemos con nuestra idea final del consumo: obtener el mejor beneficio al menor costo posible. Pero, resulta muy difícil comprender cómo funciona el mecanismo de satisfacción y razonamiento de los individuos tal que con el siguiente ejemplo espero lograr demostrar el inconformismo y reduccionismo a la hora de cuantificar y calificar un producto o servicio consumido.
Cuando decimos que pagamos una fortuna mensual por tener acceso a Internet, ¿qué estamos considerando?
De mi parte, hice un análisis levemente exigente de costos y beneficios de la siguiente manera:
¿Cuánto cuesta leer un diario por día? De lunes a sábado, aproximadamente $2,5; los domingos, $4. Es decir, mensualmente, $106.
¿Cuánto cuesta alquilar una película por día? Estimativamente, entre $4 y $8. Suponiendo que veamos dos películas por semana, mensualmente significarían entre $32 y $64
¿Y comprarla? Entre $30 y $50.
¿Y comprarla? Entre $30 y $50.
¿Cuánto cuesta comprar un CD de música? Entre $20 y $40.
¿Cuánto es el importe de la factura mensual de un consumo hogareño promedio de teléfono? Difícil de calcular, pero mínimo $50.
Partiendo de estos recursos que utilizamos comúnmente, voy a definir una sumatoria de costos:
Diario: $106
Alquiler películas: $64
Compra CD Música: $40
Factura Teléfono: $50
Total: $260
Bien, ahora tomemos un costo mensual alto de un servicio residencial de Internet con 3 MB de downstream; aproximadamente $120.
Cuando utilizamos Internet, nadie me va a negar que lee más de un periódico por día. En efecto, yo recorro diarios internacionales. Además, nos comunicamos prácticamente de manera permanente a través de diferentes medios: mail, chat, foros, blogs, etc. Solemos bajar películas y música constantemente además de acceder a contenidos como enciclopedias, libros, juegos, etc. Incluso, hasta muchos pagan sus servicios a través de Internet con, a penas, pocos clics.
Si no utilizamos Internet con ninguno de estos efectos, de verdad, lamento comunicar que es aberrante abonar semejante precio. De lo contrario, les pido encarecidamente que reflexionen humilde y estratégicamente sobre muchas de las exigencias equívocas como consumidores que planteamos a diario sobre todo en algo tan enriquecido como significa hoy por hoy Internet.






